Tikka

Era de un cazador
Conseguimos que nos lo cediera
Fue atropellado
Recuperó la movilidad

LA HISTORIA DE TIKKA

Lo rescatamos a principios del 2012 de una situación terrible.

Nosotres lo conocimos viéndolo correr por las Brañas de Sar, barrio en el que vivíamos. Lo veíamos siempre solo, corriendo como un loco y con toda la pinta de haberse escapado.

Un día, preguntando, supimos que era de un vecino que, efectivamente nos confirmó que a veces se le escapaba. Poco después de eso lo encontramos cruzando la carretera sin ton ni son, poniendo su vida en riesgo. Conseguí pararlo, me quité el cinto y lo usé a modo de correa y lo acompañé hasta su casa ahora que sabía cual era.

Pero lo que vi una vez allí no me dejaría indiferente.

Detrás de la casa de las personas que tenían a Tikka había una casa en ruinas, sin ventanas ni puertas y con el suelo hecho escombros, completamente reventado. Allí al fondo había una argolla anclada a la pared donde lo ataban, una vieja lata con agua amarilla y algunos huesos tirados por el suelo que parecían, por lo menos, del paleolítico. Aquel era el hogar de Tikka, ese del que escapaba y al que sin remedio volvía una y otra vez.

No podíamos dejarlo vivir de esa manera, así que hablamos con su "propietario" y le preguntamos para qué quería al perro viviendo en esas condiciones. Él nos contó que encontrara a Tikka en el monte, perdido, y que lo recogió, pensando que un amigo cazador se lo compraría, pero que el amigo no lo quiso y que entonces que lo tenía allí desde hacía meses.

Le pedimos que nos lo diera y así lo hizo, pues reconoció que "no lo quería para nada".

Cual fue nuestra sorpresa cuando lo llevamos al veterinario y descubrieron que tenía chip. Contactamos con el titular y resultó ser un cazador que "le prestó" a Tikka a un amigo y este dijo que se lo robaran en el monte. Nadie denunció nada ni lo buscó. Simplemente habían perdido una herramienta, pero tenían más. Así funcionan les cazadores.

Nosotres ya adorábamos a Tikka y no pensábamos devolvérselo a ese cazador. Así que nos citamos con él, le comentamos que éramos de una asociación (lo que no era real en aquel momento 😅) y que si quería recuperar al perro tenía que pagar la manutención y gastos veterinarios desde que desapareciera, hacía meses, porque era un delito no dar parte de su desaparición. Al final convencimos al señor de que nos firmara su cesión para no tener que hacerse cargo de los gastos y volvimos para casa aliviades de que Tikka no tuviera que volver a malvivir y ser explotado.

Tenía muchísimo miedo, no soportaba los ruídos fuertes y huía sin importar lo que se llevara por delante cuando escuchaba uno. Además, aunque le encanta rastrear y pasear por el monte, adora también a los animales pequeños y vulnerables: conejos y bebés de todas las especies son siempre sus protegidos, y nunca sería feliz cazando.

El 4 de agosto de 2013 un golpe de mala suerte hizo que Tikka escapara del terreno del primer santuario. Ironías de la vida, mi padre entraba con su coche en el terreno, cargado de material para aumentar la altura del vallado y que Tikka no pudiera escalarlo y saltarlo para escapar, cuando nuestro pequecho aprovechó para colarse y correr hacia el monte.

Cuando estaba de vuelta, casi llegando a casa, una furgoneta del pan lo atropelló, partiéndole la columna en 2 y a nosotres la vida. Pensamos que lo perdíamos pero, con mucho esfuerzo, operaciones, amor y paciencia conseguimos que se recuperara en gran medida y que volviera a caminar, aunque no fue posible que volviera a controlar sus esfínteres.

Tikka ahora es un abuelo, que sigue siendo un saco de mimos que ladra desesperado para que lo acaricies como si nadie lo hubiera hecho nunca, que adora el agua y no pierde oportunidad de bañarse en cada riachuelo que encuentra cuando salimos de paseo. Que con las secuelas que tiene y todo, no deja de ir corriendo por el monte, aunque a veces non le da tiempo a sus patitas de atrás a seguirle el ritmo y las lleve un poco arrastro. Es adorable y muy amigo de sus amigues, especialmente de Mikka. Siempre que vuelven de paseo ella se sienta a su lado y deja que él la bañe de arriba abajo con su lengua, dejándola libre de agua y barro, incluso antes de secarse a sí mismo.

Tikka, todo corazón. Estamos deseando mudarnos para poder ofrecerle una vida mejor. En el cuarto de los perros entra auga por la puerta y sus camas se mojan cuando llueve mucho. Además, la zona de la palleira que es donde viven los perros ya visteis cómo está, llena de barro. Cuando toca ir para cama, no quieren salir de la paja seca para cruzar por el barro y meterse en su cuarto. Queremos que Tikka pase su vejez en un lugar mejor, en unas condiciones mejores. Seguimos esperando un milagro.