Santuario Vacaloura

Sorte

gatos
Primero rescate
Chegou case morta
Pronto empezou a mellorar
Non imaxinamos a vida sen ela

LA HISTORIA DE SORTE

Sorte es una gatita tricolor, la primera que rescatamos Mario y yo de una muerte segura, sin tener en cuenta a las gatas e gatos de la colonia que cuidábamos.

Apareció en Pontevedra siendo un bebé de menos de 2 meses. Una noche unas amigas llamaron a nuestra puerta y cuando abrimos vimos que traían en sus manos un bebé de gato muerto. O eso parecía.

Por su pequeño y delgadísimo cuerpo aún corría alguna hormiga de las que intentaban devorarla en la cuneta, debajo del coche donde la recogieron.

Tenía una brida apretada alrededor de su cuello. No sabemos cuanto tiempo llevaría con ella puesta, pero al quitársela le faltaba el pelo todo alrededor.

Estaba manchada de cemento por todo su cuerpo. Parecía que alguien estuviera jugando a un juego macabro con su cuerpecito inocente en la obra al lado de la que apareció casi inerte.

La pusimos encima de un cojín y la observamos. ¿Estaba viva? A penas se le sentía respirar.

La acariciamos y movió un poco la boca, como intentando tragar saliva, pero parecía deshidratada. Posamos unas gotas de agua en sus labios, una a una, y poco a poco pareció volver a la vida. Se levantó sobre el coxín y empleó las pocas fuerzas que tenía para hacer caca, expulsó una gran cantidad de una pasta rosada que parecía cal mezclada con sangre.

La llevamos al vete, la tuvimos a dieta mucho tiempo y poco a poco aquella cosita tan pequeña y delicada que parecía que se iba a romper se fue convirtiendo en una gatita agradecida, preciosa y fuerte.
Para cuando fuimos a castrarla con 6 meses, la veterinaria tuvo que reforzar las costuras de la castración porque con la grasa que tenía en la barrigola tenía miedo de que se saltara algún punto 🤦🏻‍♀️😅 Lejos quedaba aquella sombra de lo que fue.

Y más lejos queda ahora, tantos y tantos años después. Llevamos más de una década (desde 2010) de dormir bien juntitas, siempre pegadita a mi cabeza. De lamerme la nariz y la cara y que yo haga de tripas corazón aunque me lleve la epidermis en cada lametón. De acompañarme al baño y tirarse de golpe a suelo delante mía, de lado, enseñándome la barriga como diciendo: venga, toca, que sabes que non te puedes resistir. Y es, cierto, no puedo.

No nos imaginamos nuestra vida sin ella. Y tampoco la del santuario. Aquel día que aquellas amigas nos trajeron su cuerpecito casi inerte y nos dejaron a solas con aquel bebé moribundo, aquel día que la miramos y después nos miramos Mario y yo, y nos echamos a llorar de impotencia, aquel día nació Vacaloura en nuestros corazones, aunque tardaría en materializarse unos años más. Pero fue Sorte la que sembró ese deseo, esa inquietud, en nuestros corazones.