Santuario Vacaloura

Pippi

cerdos

Pippi

Cerda cruce de cerdo celta y jabalí

Fue el premio de un sorteo
Llegó en 2005
Dormía en la cama
Pero ahora es muy independente

LA HISTORIA DE PIPPI

Pippi es una cerdita cruce de cerdo celta y jabalí. Llegó en 2015 al santuario.

Su historia empieza en un pueblo de Galiza, en una feria medieval. Pippi, con sólo un mesecito y medio de vida fue llevada hasta allí para ser sorteada.

Entre la música, los gritos y el ruído de la fiesta, aquella bebé recién separada de su madre tenía que estar muy asustada. Y lo peor estaba por venir. Se sorteó y le tocó a una chica joven que estaba de fiesta con sus amigas y no sabía qué se suponía que iba a hacer con una cerda bebé toda la noche. Ni tampoco más allá.

Entonces, un grupo de chicos que también estaban de fiesta pero que eran mucho menos sensatos y desde luego tenían menos sensibilidad, le ofrecieron dinero por ella. Querían divertirse esa noche a costa de emborracharla y reírse de ella. La chica no sabía qué hacer. Por suerte, en uno de los puestos de venta había una persona que conocía la labor del santuario y que estaba sensibilizada con el sufrimiento de los demás animales y estaba siendo testigo de todo. Por un momento, dejó de lado su trabajo y se fue a hablar con la chica. Le diji que no le ofrecía dinero pero que si le daba a ella a la cerda la llevaría a un lugar donde viviría por siempre feliz y nunca le harían daño. Por suerte, la chica prefirió esa opción que la de lucrarse y, en ese gesto, tan simple, le ofreció la oportunidad de una vida de respeto, cuidados y amor a Pippi.

Así fue como llegó a nosotres siendo sólo una bebita. Dormía en la cama entre Mario y yo y cuando tenía calor empezaba a deslizarse debajo de las sábanas reptando hasta alcanzar los pies de la cama. Por allí asomaba un poco el hocico hacia fuera para estar más fresca y continuaba durmiendo.

Desde entonces, pasaron años y también creció y engordó muchos quilos, convertiéndose en la hermosa cerda adulta que es hoy en día. Es muy independente pero al mismo tiempo nunca dejará de ser nuestra pequeña, y nunca dice que no a unos buenos mimos.

Se libró de ser comida en un matadero, un trofeo de caza en el monte, un puro objeto de diversión en una feria medieval. Y todo gracias a pequeños gestos de varias personas. Por eso, nunca subestimes el poder que tienes para cambiar el mundo porque, aquella noche nadie cambió el mundo entero, pero el mundo de Pippi sí cambió entero.